Día 3. Post-resaca

Un día en huelga de vez en cuando hace falta. Cuando las cosas carecen de sentido no se encuentra motivación alguna para hacer nada, y claro, no se hace nada.

Abandoné la farmacia porque me enfadé con ellos. No van a hacer nada de lo que yo diga, por lo que debo ser más lista y práctica y no frustrarme en el intento de cambiar lo que no se puede. Sino pelear en las guerras donde se puede ganar, o dedicarme a hacer aquellas cosas que sí produzcan resultados. Todas las demás, para otro momento u otra vida.

Tampoco debo entregarme para ayudar a los demás. No. Debo encontrar una medida más justa para mí. Sino, acabo sacrificándome por gente que no lo merece. Y yo sí que me merezco mi atención, total, no tengo a nadie más que yo para cuidar de mí, más vale que no descuide esta misión o se quedará sin realizar.

Mantuve la conversación que tuve que mantener, resultado nefasto. Obtuve varios resultados:

  • Uno, volví a quedar como un personaje malo, con malas actuaciones y malas motivaciones.
  • Dos, volví a perder a una persona más, que no volverá a hablarme.
  • Tres, volví a no hacer bien a alguien, sino que hice mal.

Conclusión lógica: depresión. Yo que me tengo por una gran persona, que siempre he querido ser alguien bueno y noble, que me preocupo por cada persona viviente del planeta antes que por mí, veo continuamente cómo las personas en las que pierdo todas mis buenas intenciones piensan mal de mí. Quizá será hora de empezar a pensar que es culpa de ellos, de cómo son ellos, y no mía, de lo mal que hago las cosas, ¿no?

Ayer estuve en casa de mis padres. Les llevé a los niños porque no los había llevado en toda la semana para que la abuela disfrutara de ellos y aproveché para quedar con MAcu para comer, que ya está a punto de irse a China. Obviamente estuve con los niños toda la mañana, Ariel se levantó conmigo y me copañó al ambulatorio a hacerme el análisis de Sullivan; Felipe me amonestó por dejarlo durmiendo y no llevármelo también. El padre por llevarme a la niña. En fin…

Luego adecenté la casa, a mí misma y a los niños y salí con la intención de dejarlos un rato en la ludoteca para que jugaran y yo cogiera el ordenador; pero me pidieron un juguete que accedí a comprar y que no los dejara mucho allí. Así que no lo hice. Me los quedé y nos fuimos a un bar camino de la peluquería a estar un rato juntos. Les compré patatas y les puse dibujos. Lo pasaron bien y Felipe quedó guapísimo y contento.

Luego los dejé en casa de mis padres, intenté mantener alguna conversación con ellos preocupándome por sus asuntos y, bueno, alguna palabra que otra saqué. Di besos y me llevé unas patatas para el camino porque tenía el azúcar en el suelo.

Me encantó la conversación con Macu, a pesar de no comer, por que como es vagan pidió platos de verduras y escasos y llevaban champiñones a los que soy alérgica. En otra ocasión los hubiera apartado y me los hubiera comido, pero con el embarazo no estoy para pruebas peligrosas. Sin embargo estuvo hablándome de China y la escuché entusiasmada. De todo lo que piensa hacer durante un año; vivir en una ciudad de trece millones de personas, ver un mundo cultural completamente distinto, hablar otros idiomas, visitar en los días libres toda aquella parte del globo, ahorrar para la facultad de su hija, pasar dos años en China y evolucionar… Me encantó todo. Luego renovará el tercer año para que la hija acabe allí sus estudios y se irán a Estados Unidos a que ella curse una carrera con todo lo que han ahorrado. Escuchándola me di cuenta de que me encantaría una vida así, con esa tremenda sensación de libertad de explorar el mundo, de trabajar en lo que uno es feliz y se desarrolla, de llevarte a los tuyos y a nadie con el que cargar que no te aporte nada…

Quizá yo no sea tan valiente como para eso o quizá no sea lo que quiero de verdad, o quizá soy una estúpida porque no sé realmente qué quiero hacer yo con la mía. Lo único que sé es que mi máxima ilusión es envejecer junto a mis hijos ayudándoles en la vida para que superen todo cuanto le pase y para darles todo cuanto necesiten y poder estar ahí siempre para ellos el máximo tiempo que la vida me permita hasta mi último aliento. Yo quiero ser su fiel caballero noble, que siempre luche con espada presta por su felicidad, el sabio consejero que siempre tenga buenos consejos para sus dilemas, el paño de lágrimas que usen para sus llantos, el amor que necesiten para avanzar en el camino de la vida… Eso quiero hacer yo con mi vida y nada más. Lo demás es para rellenar huecos. Ellos son para mí el sentido de mi vida.

Pero luego están los sueños… como esas historias sobre un vida en China, dando clases, con tus seres queridos, explorando la vida…

Después de la conversación con Elise siento que me he decepcionado a mí misma + no sé relacionarme con la gente + no se querer + no se conservar a las personas + no he aprendido aún algo que debe ser vital después de tantos años + la vida sigue igual, mi entorno sigue igual, el futuro un poco más negro.

Bueno, pasé el día con los niños, que son mi pequeño regalo de felicidad. Escribiendo mi libro, que es realmente lo que soy y me olvidé del trabajo.

Me bajó el azúcar a mediodía y me comí una bolsa de patatas, por lo que hoy me he levantado más gorda a pesar de cenar carne. El peso sigue para arriba contribuyendo a la depresión.

Hoy se presenta un día complicado. Es sábado, las abuelas ocupadas y los niños para mí. Además es 15 de julio, mi aniversario. Obviamente se me olvidó. Luego os contaré qué tal me fue.

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